miércoles, 12 de diciembre de 2007

Editorial

El 28 de octubre se llevó a cabo una nueva elección presidencial. Una fiesta más de la democracia. Por primera vez triunfó una mujer. Por primera vez no estuvo presente el radicalismo. Por primera vez tres mujeres fueron candidatas.

Una elección especial por todas estas características y por la vuelta a la polarización del voto, perdida en el 2003. Con una crisis de partidos importante, con las identidades políticas diluídas, con la primacía de la democracia de opinión, con el país partido entre los centros urbanos y el interior, pasaron estos comicios.

Muchos puntos que analizar desde la historia y el análisis político. Desde este dossier se intentará hacerlo con la mayor precisión posible.

Unas elecciones que seguramente quedarán marcadas en la historia argentina.

martes, 11 de diciembre de 2007

Análisis electoral


Lo que la elección nos dejó

La del 28 de octubre no fue una elección más, sino que tuvo rasgos particulares. No sólo fue una lucha entre dos mujeres, también fue el final del bipartidismo.

Después de una elección totalmente atomizada en el 2003, esta vez los votos volvieron a concentrarse, pero en vez del clásico bipartidismo argentino, se distribuyeron la mitad para la ganadora y hoy presidente, y la otra, se repartió entre Carrió, Lavagna y los demás en la lista.

No se habló de radicales y peronistas. De hecho, los primeros no estuvieron presentes como partido. Sus candidatos se presentaron por el ARI una, por RECREAR, el otro, cómo ya había sucedido en el 2003. Roberto Lavagna, quien se declara peronista hizo una alianza con los que quedaron, y el resto apoyaron la lista de Cristina y Cobos.

Por el lado del peronismo, Rodríguez Saa encarnó la versión ligada al neoliberalismo, y se autodeclaró el auténtico peronista.

El campo y la ciudad
En la era del bipartidismo la distribución territorial del voto no era uniforme pero sí relativamente pareja. El cataclismo de 2003 puso patas arriba la tendencia.

Si bien esta elección tuvo muchos condimentos nuevos, otros no tanto. El voto se distribuyó de acuerdo a los sectores sociales. La oposición se hizo fuerte en las grandes urbes, allí donde tiene mayor peso la clase media.

Pese a que el kirchnerismo empezó enamorando a la clase media, que se ha recuperado en esta gestión, con gestos dirigidos a recuperar valores y mejorar la calidad institucional, como lo fue la renovación de la Corte Suprema, luego comenzó un divorcio cada vez más enconado que culminó con derrotas en grandes distritos -Córdoba, Capital, Rosario-.

Otra cuestión a tener en cuenta es que una porción del peronismo ha emigrado. Está representado en el 10% que logró reunir Alberto Rodríguez Saá. Ese hueco pareció ser cubierto por votantes de centroizquierda, del radicalismo -un ejemplo es la ventaja que obtuvo en Mendoza, la tierra de Julio Cobos- y una mínima representación de independientes. Pero la verdadera fuerza del triunfo de Cristina quedó afincada en el voto peronista, en el voto del interior más alejado de las urbes.

Si en términos territoriales Cristina debe su triunfo al voto del país interior, de los pueblos y pequeñas y medianas ciudades, en términos sociales -en consonancia con ese perfil de preferencia geográfica- se lo debe mayoritariamente a la opción de los sectores pobres y medios menos favorecidos.

Ser segundos no está mal
Con una elección cantada por las encuestas, la única aspiración de las fuerzas opositoras fue la pelea por el segundo lugar y el ballotage. Carrió, Lavagna, y con el mismo entusiasmo pero con menos posibilidades Alberto Rodríguez Saá, se anotaron en esa carrera.

En el caso de la izquierda ésta será probablemente la peor elección desde el 2001. Hasta la aparición de la candidatura de Pino Solanas no conseguía insertarse en el nuevo escenario que comienza a delinearse.

Una elección única

El valor de este día lo dará la historia, pero el calendario quedará marcado: por primera vez tres mujeres se presentaron como candidatas a la presidencia.

Con los partidos pulverizados y retazos del radicalismo y del peronismo distribuidos por doquier, un personalismo rampante y las identidades políticas en crisis, pasó una elección que no fue una más.

Los candidatos

Cristina Fernández de Kirchner (Alianza Frente para la Victoria)

Es abogada, nació el 19 de febrero de 1953, en La Plata, Buenos Aires. Casada con el ex presidente argentino, Néstor Kirchner. Tiene dos hijos. Fue dos veces diputada provincial por Santa Cruz, en 1995 asumió como senadora nacional y en el 97' fue electa diputada nacional por la provincia del sur. Era senadora por su provincia natal y Primera Dama.

Entrá a http://www.cristina.com.ar/

Elisa María Avelina Carrió (Confederación Coalición Cívica)
Nació en 1956 en la provincia del Chaco. Se recibió de Abogada en la Universidad Nacional del Nordeste en el año 1978 e hizo estudios de Doctorado en Derecho Público en la Universidad Nacional del Litoral. Fue elegida diputada nacional por la provincia del Chaco en el período 95-99 y reelecta ese mismo año. Hasta fines de marzo del 2007 se desempeñó como diputada nacional por la ciudad de Buenos Aires, cargo para el que fue electa en octubre del 2005. Fue la primera candidata mujer para presidenta.

Entrá a http://www.elisacarrio.com.ar/

Roberto Lavagna
Nació en la ciudad de Buenos Aires el 24 de marzo de 1942. Realizó la licenciatura en Economía Política en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1967. Está casado, tiene tres hijos. Fue ministro de Economía y Producción en dos administraciones sucesivas, que siguieron a la gran crisis de 2001 (abril de 2002 y diciembre de 2005). Además, entre otros cargos públicos, fue embajador plenipotenciario ante la Unión Europea en Bruselas y ante los Organismos Económicos Internacionales -Naciones Unidas y Organización Mundial del Comercio- con sede en Ginebra (2000-2002).

Entrá a http://www.presidentelavagna.com/

Alberto José Rodríguez Saá (Alianza Frente Justicia Unión y Libertad)
Padre de tres hijos, es abogado y procurador. Se recibió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1974. Fue dos veces senador nacional por San Luis. En 1980 fue asesor de la Confederación General del Trabajo. En el 2001 (de febrero a diciembre) fue Jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de la Provincia de San Luis. En el 2003 fue electo gobernador de San Luis, cargo que volvió a ganar en agosto pasado, con más del 80% de los votos.

Ricardo López Murphy (Recrear para el crecimiento)
Nació el 10 de agosto de 1951 en Buenos Aires. Casado, tiene 3 hijos. Estudió en la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió de economista y comenzó su carrera política, militando en la Juventud Radical (Franja Morada) de dicha institución. Fue ministro de Economía de la Alianza por dos semanas. Ya cuenta con experiencia como candidato presidencial, ya que en el 2003 se presentó por el Movimiento Federal Recrear. Dos años más tarde, se presentó como candidato a Senador Nacional por la Provincia de Buenos Aires por Propuesta Republicana (PRO).

Jorge Omar Sobisch
Casado, tuvo cuatro hijos. Es técnico gráfico, nacido en Capital Federal el 16 de Enero de 1943. En 1991 gana la elección interna partidaria para candidato a gobernador y gobierna la provincia del Neuquén hasta 1995. En 1999 asume como gobernador hasta 2003, cargo que reafirma en las urnas del 2003.

Entrá a http://www.sobischpresidente.com/index.php

Fernando "Pino" Solanas (Proyecto Sur)
Nació en Argentina en 1936. Cursó estudios de teatro, música y derecho. Su militancia y compromiso político están ligados a su actividad artística. Cineasta, filmó varias y exitosas películas, entre ellas La Hora de los Hornos (documental) y Los Hijos de Fierro (ficción). Fue electo diputado nacional por Buenos Aires en 1993.

Entrá a http://www.proyecto-sur.com.ar/

Vilma Ripoll (Movimiento Socialista de los Trabajadores)

Está licenciada en enfermería y nació en Santa Fe, en 1954. Comenzó su militancia en el movimiento estudiantil, creando en 1973, el Centro de Estudiantes de Enfermería de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. Hace más de 20 años que trabaja en enfermería del Hospital Italiano de Capital Federal, y más de 10 que es delegada sindical. En 2000 fue electa diputada de la Ciudad de Buenos Aires por primera vez y reelecta en 2003.

Entrá a http://www.mst.org.ar/

Luis Alberto Ammann (Alianza Frente Amplio hacia la Unidad Latinoamericana) Nació en la provincia de Córdoba en 1942. Es maestro, periodista, escritor y Licenciado en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba. Fue el fundador del Partido Humanista de Argentina (PH), organización de la que fue secretario general durante doce años. Ya ha sido candidato a presidente por el Frente Humanista Verde, y varias veces candidato a diputado nacional.

José Alberto Montes (Alianza Frente PTS MAS Izquierda Socialista)
Tiene 51 años y tres hijos. Actualmente vive en Berisso. Desde 1983 es obrero en el Astillero Río Santiago de la localidad de Ensenada. Delegado de base desde 1984 es miembro de la Lista Marrón de ATE. Participó durante los 90 en las luchas del astillero contra el proyecto de privatización de los distintos gobiernos. Hoy, es la única fábrica estatal que no ha sido privatizada. Fue candidato a presidente en las elecciones del año 99.

Gustavo Luis Breide Obeid (Partido Popular de la Reconstruccion)
Nació el 8 de marzo de 1953. Ingresó al Colegio Militar de la Nación en 1969 y egresó como subteniente de Infantería en 1973. Obtuvo el título de Lincenciado en Ciencias Políticas, en el año 1983. Ex cara pintada, acompañó al coronel Seineldín en los Pronunciamientos Militares. Cumplió prisión desde el año 1990 hasta el año 1997, en las cárceles de: Caseros, Magdalena y Campo de Mayo, por su participación militar del 3 de diciembre de 1990. Fue candidato a Diputado Nacional en el 2001 y 2003, y candidato presidencial en el 2003.

Raúl Aníbal Castells (Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados)
Nació en Rosario en 1950. En 1984 se radicó en Santa Fe y más tarde se instaló en el sur del conurbano bonaerense. Cabeza visible del MIJD, es uno de los referentes más mediáticos del movimiento piquetero. Está casado con la dirigente "Nina" Peloso, quien también es su compañera de fórmula.

Néstor Antonio Pitrola (Partido Obrero)
Ocupa el lugar en la lista que desde hacía cuatro elecciones presidenciales acaparaba otro histórico del PO, Jorge Altamira. De renombre entre los grupos piqueteros posteriores a la crisis de 2001, tiene una larga historia sindical: fue delegado de los bancarios de Córdoba y también delegado gráfico. Es también candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires.

Juan Ricardo Mussa (Confederación Lealtad Popular)
Fabricante de lonas para piletas y camiones, tiene 59 años y es peronista. Ya participó de unas 15 elecciones desde 1972. Compitió en junio por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.




Crisis de partidos


De rupturas y fusiones

Desde hace tiempo se viene hablando en Argentina y en el mundo de la crisis de partidos y de representación, es más, en un contexto más amplio se ha llegado a formular el concepto de crisis en la política. Pero, ¿Cómo está el panorama en la actualidad?, ¿Hubo cambios en la última elección?

Historia reciente
Argentina es un país en el que la historia parece siempre demasiado reciente. Acostumbrados a los cambios permanentes, no existe hasta el momento un concepto claro de construcción institucional. Las interrupciones antidemocráticas provocadas por los golpes de Estado llevaron a la debilidad del sistema político.

Los dos grandes partidos que gobernaron el siglo pasado surgieron como movimientos, y cabe la duda de que se hayan podido institucionalizar para llamarse verdaderamente partidos.

Tras la última dictadura militar, el advenimiento de la democracia provocó un resurgimiento de la fe en la política. “La transición hacia el régimen constitucional devolvió a los partidos al centro de la escena, la democracia estaba indisolublemente unida a la vuelta a la política”, explica Oscar Landi en “Las nuevas formas de la cultura política”.

Pero lo que realmente primaba era la fuerza electoral de los partidos, no así su institucionalidad.

Una para vos, otra para mí
El sistema de partidos en Argentina siempre fue bipartidista. Sin embargo, esta dualidad comenzó a quebrarse en el ´95, con la aparición del FREPASO. Y se acentuó más su crisis tras el 2001. Las elecciones del 2003 fueron totalmente atípicas. La atomización del voto fue total y mostró una vez más la crisis del sistema.

Hoy, la fragmentación y la dispersión políticas siguen siendo un rasgo de la Argentina actual, como lo demuestra el caso del radicalismo, cuya convención eligió una fórmula presidencial que fue desconocida por otro sector partidario, por lo que hubo radicales que sostuvieron a Roberto Lavagna, otros a Cristina Kirchner y otros a Elisa Carrió.

Algo similar ocurrió en el peronismo, con por lo menos tres candidatos que se reconocen de ese origen: Cristina Kirchner, Lavagna y Alberto Rodríguez Saá.

En materia institucional, la deuda sigue siendo muy grande. No existe un sistema de partidos en sentido estricto, sino aglomerados políticos que varían de elección en elección. Los candidatos presidenciales que compitieron no fueron elegidos en primarias abiertas o cerradas, y ni siquiera por congresos o convenciones partidarias, sino por acuerdos de cúpulas, en la mayoría de los casos.

Sigue pendiente el desafío de recrear un sistema de partidos como pilares de futuras coaliciones capaces de sostener una política de compromisos.

Mediatización de la política


Resultados de antemano

La mediatización de la política no es un hecho nuevo. Las encuestas parecen resolver elecciones antes que el voto. El 28 de octubre ya tenía ganadora antes del escrutinio.

La política está regida hace tiempo por el compás de los medios. Las campañas publicitarias y la llegada del marketing político son solo una punta visible de esta situación. La democracia parece decidirse en las encuestas y no en las urnas. Hemos pasado a formar parte de una democracia de opinión.

Todo tiene su principio
“Durante la década del ´80 se acelera la mediatización de lo político y la televisión constituye el principal soporte”, explica Eliseo Verón en “Mediatización de lo político”. El debilitamiento del sistema político fortaleció el carácter central de los medios.

A esto se sumó la evolución de la comunicación política y sus lógicas estratégicas, y el arribo del marketing político.

“Asistimos, por un lado, a la decadencia del campo donde se ejercía la gestión de los colectivos de largo plazo –el de lo político- y, por otro, al dominio creciente de otro campo –el de los medios- esencialmente orientado por la gestión de los colectivos de corto plazo: éste es, el sentido profundo de la crisis de legitimidad de lo político”, enuncia Verón.

Elección de opinión
En esta campaña, sin embargo, no hubo demasiada presencia en los medios. No hubo debates de ideas, y la candidata que resultó triunfante no otorgó prácticamente entrevistas.

Pero la preponderancia de las encuestas si estuvo presente y contribuyó a quitar interés en la elección. Las encuestas instalaron desde el primer momento a Cristina Kirchner como ganadora con una amplia ventaja sobre sus competidores. Se consagró así un resultado que parecía inamovible, aunque a último momento surgieron variantes que hicieron cambiar las estrategias de los candidatos.

De esta manera, la elección estaba ganada antes de que se votara. Este tipo de manipulación de la opinión pública va en contra del cumplimiento de la ciudadanía y suele modificar el voto por el aquel llamado voto útil.

Quizás debieran repensarse los límites del marketing político y reflexionar acerca de la necesidad de una ciudadanía conciente y no una ciudadanía manipulada por los sondeos de opinión.

Identidad Política


¿Peronista o radical?

Con la crisis de los partidos y la personalización de la política, la llamada identidad política tiende a desaparecer o acaso a mutar hacia múltiples identidades.

Ya no hay radicales, ni peronistas. Los votantes fluctúan de acuerdo a las personas que se postulan y no tanto de acuerdo a las ideologías. “El ocaso del deber inserta al individuo en lo que Lipovetsky denomina proceso de personalización que está produciendo un tipo de individuo más flexible, expresivo y narcisista. El sincretismo y eclecticismo cultural de los individuos contemporáneos conduce a una mayor preocupación por la autonomía personal y a una radicalización del derecho a ser diferente”, explica Benjamín Arditi en “El reverso de la diferencia”.

Los partidos tradicionales dejan de competir, juegan un rol marginal en la conformación de la oferta política. Esta marginalización de las identidades que monopolizaron la vida política en el pasado no puede ser considerada transitoria, es parte de un proceso que conduce a otro tipo de identidades basadas en las personas y no en los partidos.

Es decir, que los lazos de representación han cambiado –parecen tener un carácter más circunstancial, configurándose con frecuencia ese vínculo en el momento de las campañas electorales– y se constituyen en buena medida en torno de liderazgos personales que suelen tener la plasticidad como para proponer una posición o actitud política que concita la adhesión ciudadana y no en torno de partidos orgánicos. Todo parece indicar que los partidos políticos omnipresentes no volverán a ser lo que fueron.

Nuevas identidades parecen configurarse. La problemática surge acerca de la falta de conocimiento real de las ideas y proyectos de los candidatos. El voto parece ser surgido del marketing político y la falta de propuestas es alarmante.

En esta nueva realidad de desconfianza ciudadana la argumentación y deliberación pública adquieren un lugar central. Es en el espacio público con el concurso de la comunicación política que se pueden intercambiar argumentos y madurar las decisiones, ese espacio tiene una función reguladora que permite a gobernantes y opositores medir las consecuencias de sus actos, la sintonía alcanzada con la opinión pública y, eventualmente, modificar el rumbo político para mejorar la representación.

Transformaciones del peronismo


Dando vueltas

Así como los partidos pierden fuerza y mutan, el peronismo ha cambiado a lo largo de estos años. Dividido y vuelto a unir mil veces el movimiento se actualiza para seguir en carrera.

Para Germani, en sus inicios el peronismo era el resultado de una “movilización social”que provenía de la existencia de una alta tasa de natalidad, de un fuerte crecimiento económico y del importante flujo migratorio hacia las ciudades. Sería la disponibilidad social y cultural de esta masa urbana lo que habría hecho posible su triunfo.

Entonces, en las primeras presidencias de Perón el peronismo estaba asociado a su persona y sus seguidores eran los trabajadores.

´70, ´80, ´90, todo cambia
“A principios de los años 70, desvanecidas ya las expectativas de desperonización de las clases trabajadoras y en un contexto de agudización de los antagonismos políticos, la imagen del peronismo cambia”, explican Danilo Martuccelli y Marsitella Svampa en “La plaza vacía”. Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero replantean entonces el interrogante a fin de responder no sólo por qué los obreros se hicieron peronistas, sino porque continuaban siéndolo. Se trata de restituir la racionalidad a los trabajadores, desplazando el eje de análisis a la relación estado-sindicatos.

Los ´80, con la llegada de la democracia y el triunfo de Alfonsín, le dieron otra óptica al partido. “La imagen de un candidato prendiendo fuego a un ataúd que representaba al candidato opositor, reaviva los estudios que reducen lo esencial del fenómeno peronista a la variante autoritaria”, expresa Svampa.

Finalmente en los ´90, el imaginario peronista se vacía. Sin embargo, pese a la implementación de políticas neoliberales, los sectores populares lo siguen votando.

La vuelta y las elecciones
Tras las presidencias de De la Rúa y el gobierno duhaldista, Kirchner volvió a traer el peronismo casi en su esencia, reproduciendo, elección tras elección, la alianza más tradicional que representó el peronismo: la de las clases humildes, con los sectores medios bajos y alguna intervención de franjas medias más acomodadas, pero con una fuerte y enconada resistencia de los segmentos más altos de la pirámide social. Sólo Menem modificó esa tendencia. El ex presidente riojano unió los dos extremos del arco social.

Las diferencias y las elecciones
El oficialismo está confrontado a las tensiones de su conformación heterogénea. En muchos distritos, listas asociadas con la fórmula presidencial triunfante competían entre sí. En algunos casos, los líderes del peronismo tradicional fueron desplazados y en otros la elección fue reñida. Estos resultados y los de algunos distritos del interior confirmaron que el interrogante sobre cómo evolucionará la vertiente peronista del oficialismo continúa abierto. Los otros socios más visibles de la Concertación, los emigrados del tronco radical, han tenido resultados variados, pero su derrota en Mendoza y en Mar del Plata debilitaron a algunos de sus referentes.

“La sociedad aparece bastante dividida y ese es un desafío para el Gobierno. Carrió tendrá que construir una nueva fuerza, pero ojo que en estos comicios ella ocupó el lugar del centro-derecha. Y esos son votos que van y vienen. El Pro recibió un golpe electoral. Lavagna no pudo levantar cabeza. No está claro qué va a pasar con el peronismo”, concluye el consultor Roberto Bacman.

La falta de propuestas


Un voto al vacío

Consecuencia o causa de la crisis de partidos es la falta de propuestas. Ni siquiera promesas hubo en esta elección.

La ciudadanía fue a votar sin información. La campaña fue breve, cuasi inexistente. La Presidenta electa hizo la llamada “plancha”. Y la oposición no esbozó demasiados argumentos. En un principio basaron sus propuestas en denuncias al gobierno de turno.

Las campañas electorales no pueden ser de desgaste, sino que los candidatos deben ofrecer propuestas y demostrar capacidad de gestión. Así, las denuncias quedaron en esa etapa previa y el problema para Carrió y Lavagna fue diferenciarse nítidamente de las políticas oficiales en economía, distribución de la riqueza, salud, educación, relaciones exteriores y derechos humanos y no sólo en transparencia institucional. Pese a que también fueron ayudados por los índices de inflación y el conflicto en el Indec, el discurso de los dos candidatos perdió contundencia porque al mismo tiempo debían disputar votos del centroderecha sin desencantar a sus electores originales más inclinados al centroizquierda. Y así quedaron ubicados más al centro.

Queremos saber
En la Argentina, la ciudadanía está desprovista o liberada, según se aprecie, de identificaciones políticas permanentes, pero suele estar informada –con diferenciaciones socioculturales marcadas– y fluctúa en sus preferencias según lo que el debate público va presentando. Pero lo que falta dramáticamente en la vida pública son fuerzas políticas organizadas que puedan alimentar el debate público. No los partidos políticos del pasado, que probablemente no vuelvan a existir como antaño pues la ciudadanía no tiene en su mayoría lazos de identificación permanentes, ni vuelvan a tener el monopolio de la vida política y de la actividad cívica. La sociedad actual tiene actores múltiples que alimentan la vida pública, pero quienes tienen la aspiración de gobernar son actores específicos que deberían organizase como grupos nacionales con lealtades y afinidades en torno de un rumbo político. Este parece ser un déficit mayor, quizás el principal, para los tiempos que vienen, porque sin partidos, en el sentido actual del término, la competencia política se hace más imprecisa y, sobre todo, se plantea el grave interrogante de con qué recursos van a gobernar quienes tengan el favor del electorado.

Fue una elección presidencial sin debate de ideas entre los candidatos. Con un oficialismo mezquino a la hora de aclarar los puntos más oscuros de su propuesta y con una oposición que mostró escasa creatividad para conmover a una sociedad aletargada y carente de entusiasmo electoral.