Un voto al vacío
Consecuencia o causa de la crisis de partidos es la falta de propuestas. Ni siquiera promesas hubo en esta elección.
La ciudadanía fue a votar sin información. La campaña fue breve, cuasi inexistente. La Presidenta electa hizo la llamada “plancha”. Y la oposición no esbozó demasiados argumentos. En un principio basaron sus propuestas en denuncias al gobierno de turno.
Las campañas electorales no pueden ser de desgaste, sino que los candidatos deben ofrecer propuestas y demostrar capacidad de gestión. Así, las denuncias quedaron en esa etapa previa y el problema para Carrió y Lavagna fue diferenciarse nítidamente de las políticas oficiales en economía, distribución de la riqueza, salud, educación, relaciones exteriores y derechos humanos y no sólo en transparencia institucional. Pese a que también fueron ayudados por los índices de inflación y el conflicto en el Indec, el discurso de los dos candidatos perdió contundencia porque al mismo tiempo debían disputar votos del centroderecha sin desencantar a sus electores originales más inclinados al centroizquierda. Y así quedaron ubicados más al centro.
Queremos saber
En la Argentina, la ciudadanía está desprovista o liberada, según se aprecie, de identificaciones políticas permanentes, pero suele estar informada –con diferenciaciones socioculturales marcadas– y fluctúa en sus preferencias según lo que el debate público va presentando. Pero lo que falta dramáticamente en la vida pública son fuerzas políticas organizadas que puedan alimentar el debate público. No los partidos políticos del pasado, que probablemente no vuelvan a existir como antaño pues la ciudadanía no tiene en su mayoría lazos de identificación permanentes, ni vuelvan a tener el monopolio de la vida política y de la actividad cívica. La sociedad actual tiene actores múltiples que alimentan la vida pública, pero quienes tienen la aspiración de gobernar son actores específicos que deberían organizase como grupos nacionales con lealtades y afinidades en torno de un rumbo político. Este parece ser un déficit mayor, quizás el principal, para los tiempos que vienen, porque sin partidos, en el sentido actual del término, la competencia política se hace más imprecisa y, sobre todo, se plantea el grave interrogante de con qué recursos van a gobernar quienes tengan el favor del electorado.
Fue una elección presidencial sin debate de ideas entre los candidatos. Con un oficialismo mezquino a la hora de aclarar los puntos más oscuros de su propuesta y con una oposición que mostró escasa creatividad para conmover a una sociedad aletargada y carente de entusiasmo electoral.
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