martes, 11 de diciembre de 2007

Identidad Política


¿Peronista o radical?

Con la crisis de los partidos y la personalización de la política, la llamada identidad política tiende a desaparecer o acaso a mutar hacia múltiples identidades.

Ya no hay radicales, ni peronistas. Los votantes fluctúan de acuerdo a las personas que se postulan y no tanto de acuerdo a las ideologías. “El ocaso del deber inserta al individuo en lo que Lipovetsky denomina proceso de personalización que está produciendo un tipo de individuo más flexible, expresivo y narcisista. El sincretismo y eclecticismo cultural de los individuos contemporáneos conduce a una mayor preocupación por la autonomía personal y a una radicalización del derecho a ser diferente”, explica Benjamín Arditi en “El reverso de la diferencia”.

Los partidos tradicionales dejan de competir, juegan un rol marginal en la conformación de la oferta política. Esta marginalización de las identidades que monopolizaron la vida política en el pasado no puede ser considerada transitoria, es parte de un proceso que conduce a otro tipo de identidades basadas en las personas y no en los partidos.

Es decir, que los lazos de representación han cambiado –parecen tener un carácter más circunstancial, configurándose con frecuencia ese vínculo en el momento de las campañas electorales– y se constituyen en buena medida en torno de liderazgos personales que suelen tener la plasticidad como para proponer una posición o actitud política que concita la adhesión ciudadana y no en torno de partidos orgánicos. Todo parece indicar que los partidos políticos omnipresentes no volverán a ser lo que fueron.

Nuevas identidades parecen configurarse. La problemática surge acerca de la falta de conocimiento real de las ideas y proyectos de los candidatos. El voto parece ser surgido del marketing político y la falta de propuestas es alarmante.

En esta nueva realidad de desconfianza ciudadana la argumentación y deliberación pública adquieren un lugar central. Es en el espacio público con el concurso de la comunicación política que se pueden intercambiar argumentos y madurar las decisiones, ese espacio tiene una función reguladora que permite a gobernantes y opositores medir las consecuencias de sus actos, la sintonía alcanzada con la opinión pública y, eventualmente, modificar el rumbo político para mejorar la representación.

No hay comentarios: