De rupturas y fusiones
Desde hace tiempo se viene hablando en Argentina y en el mundo de la crisis de partidos y de representación, es más, en un contexto más amplio se ha llegado a formular el concepto de crisis en la política. Pero, ¿Cómo está el panorama en la actualidad?, ¿Hubo cambios en la última elección?
Historia reciente
Argentina es un país en el que la historia parece siempre demasiado reciente. Acostumbrados a los cambios permanentes, no existe hasta el momento un concepto claro de construcción institucional. Las interrupciones antidemocráticas provocadas por los golpes de Estado llevaron a la debilidad del sistema político.
Los dos grandes partidos que gobernaron el siglo pasado surgieron como movimientos, y cabe la duda de que se hayan podido institucionalizar para llamarse verdaderamente partidos.
Tras la última dictadura militar, el advenimiento de la democracia provocó un resurgimiento de la fe en la política. “La transición hacia el régimen constitucional devolvió a los partidos al centro de la escena, la democracia estaba indisolublemente unida a la vuelta a la política”, explica Oscar Landi en “Las nuevas formas de la cultura política”.
Pero lo que realmente primaba era la fuerza electoral de los partidos, no así su institucionalidad.
Una para vos, otra para mí
El sistema de partidos en Argentina siempre fue bipartidista. Sin embargo, esta dualidad comenzó a quebrarse en el ´95, con la aparición del FREPASO. Y se acentuó más su crisis tras el 2001. Las elecciones del 2003 fueron totalmente atípicas. La atomización del voto fue total y mostró una vez más la crisis del sistema.
Hoy, la fragmentación y la dispersión políticas siguen siendo un rasgo de la Argentina actual, como lo demuestra el caso del radicalismo, cuya convención eligió una fórmula presidencial que fue desconocida por otro sector partidario, por lo que hubo radicales que sostuvieron a Roberto Lavagna, otros a Cristina Kirchner y otros a Elisa Carrió.
Algo similar ocurrió en el peronismo, con por lo menos tres candidatos que se reconocen de ese origen: Cristina Kirchner, Lavagna y Alberto Rodríguez Saá.
En materia institucional, la deuda sigue siendo muy grande. No existe un sistema de partidos en sentido estricto, sino aglomerados políticos que varían de elección en elección. Los candidatos presidenciales que compitieron no fueron elegidos en primarias abiertas o cerradas, y ni siquiera por congresos o convenciones partidarias, sino por acuerdos de cúpulas, en la mayoría de los casos.
Sigue pendiente el desafío de recrear un sistema de partidos como pilares de futuras coaliciones capaces de sostener una política de compromisos.
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